La biblioteca: mi segundo hogar
Encontré mi segunda casa en Barcelona: la Biblioteca Caterina Albert —a unas seis cuadras de donde vivo—. Es la biblioteca del barrio, tiene tres pisos, libros de todas las especialidades, una sala infantil bien nutrida, otra sala de internet (aunque hay wifi en todo el edificio), aulas donde dictan clases a adultos mayores que desean manejar la tecnología, espacios de lectura por doquier. Me emocioné y pensé en mi Perú: en sus bibliotecas fantasmas, en la falta de ellas, en lo alejadas que están las más importantes.
Aquí, escolares, estudiantes universitarios, niños y adultos mayores comparten los mismos espacios. Mientras los más jóvenes trabajan en grupo y con sus "laptops" (pero en silencio o con un volumen de voz muy baja), los adultos mayores están sentados en los sofás leyendo algún libro, periódico o revista. ¡Este es un lugar de encuentro de todas las generaciones!
Como yo también quiero formar parte de este movimiento, me acerqué al responsable de informes para tramitar mi carné. Le pregunté qué necesitaba para obtenerlo y en cuánto tiempo me lo entregarían. "Solo necesitamos un documento. Si tienes tu pasaporte, es suficiente. Te lo entrego en unos minutos". En menos de diez minutos ya tenía mi carné de biblioteca entre las manos, listo para estrenar. Y así lo hice.
Por ahora solo solicité un libro, de los 15 que puedo llevarme a casa por 30 días, además de DVD y otros documentos. Se imaginarán cómo me brillan los ojos al saber todo lo que puedo leer. Ojalá algún día las autoridades de nuestro país, y nosotros también, entiendan lo valioso que es promover la cultura en la población y que acercar un libro a un niño es ayudarlo a crecer.



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